viernes, noviembre 11, 2005

¡¡¡Mayday, mayday!!!!

Son las 8:34 y me estoy durmiendo. No es una sensación, sé que está ocurriendo. Mis párpados se pierden en remolinos de oscuridad; enfocan recuerdos, sueños o anhelos. Me pierdo sentado en mi puesto de trabajo, deslizándome hacia el piso por la silla. Un esforzado trabajador, un heroico laburante. Un tipo dormido. Que se relaja luego de la actividad de la semana última, del mes, del año, de la vida toda.
¿Tanto así?
No puedo precisarlo. Sólo sé que me duermo y que el cansancio me obliga a pensar en hacer un llamado y decir que me duermo, que no puedo hablar con nadie. En este instante deslucido no me enciendo, no coordino, no consigo iluminarme. No puedo manejar los códigos necesarios para comunicar mi necesidad al tercero que me ofrece una solución, un servicio, algo. Simplemente no puedo.
El teléfono me expulsa del pensamiento con su ring, ring, ring. Disminuyo el volumen y lo observo. Casi con odio. El sueño reverbera sobre mi cabeza, alejándose con cada destello en el botón que titila. La luz, el llamado.
¿Quién es? ¿Quién mierda...? ¿Quién será? ¿Y si decido no atender y el qué es se convierte en el qué fue? Mejor, en el que no fue. En el que no atendí y no pienso atender. Pero levanto el tubo porque sí, porque no sé y me escucho decir:
-Hola.
Una respiración habla del otro lado, una respiración misteriosa que se vuelve familiar con los segundos. Una voz bien marcada articula lentamente tres palabras, separadas por silencios interminables.
-Bola de goma.
Estalla la risa. El que iba a ser el que no atendí es ahora ése, el que ya sé quien es. Los códigos se reestructuran en mi cabeza y mi cerebro, medio muerto ya -entre alcoholes, trasnochadas y consumismo- se prepara para interpretar, para comunicarme con otros que manejan códigos comunes: bola de goma = a las diez en el bar.
-Te espero.
Me espera.
-Tenemos que hablar con Claudio.
¿Tenemos qué hablar conmigo? Yo, Claudio. Ah, no, Claudio es él, no el que llamó sino el otro -el del bar-. Lo sé, me duermo y me voy perdiendo de a partecitas: la coordinación, la vista, el habla, el recuerdo. Y cuando me quiero dar cuenta tengo la jeta estigmatizada por el teclado. Un tipo caído sobre el CTRL+ATL+DELETE. Ya me pasó antes (maldito horario nocturno).
¡Qué cruel es la soledad a veces!
Me agarro de las rejas de la ventana. Las descubro heladas, insensibles. Un día escribí en ellas, con mi cortaplumas; cárceleras de ideas, una frase con mala fonética. Las desenmascaré hace mucho: no las pusieron para dejar afuera a los chorros, ni siquiera para encerrar nuestros cuerpos. No. Tienen otra función, más siniestra. Antes salíamos al patio a ver las estrellas, ahora -quedo yo, único- hay que torcer el cogote y tampoco hay seguridades de iluminarse más que con el rojo de la antena.
¡Hijos de puta, nos robaron el cielo!
No importa, yo ahora me duermo y tengo que despertarme y sé que cuando pierdo la lírica, cuando salgo de mis ojos oníricos para caer en el campo de visión mundano, ése que todos ven: el mundo se me reconstruye sin metafísica, como decía Pessoa, y empiezo a ver la realidad.
Eso no me gusta.

"Estos cinco días fueron tremendos, de enserio. Hasta el martes no me reportaré por el blog. Necesito pensar, dormir y soñar con algo. Últimamente tengo sueños truncos, me despierto de noche vacío de recuerdos. No se bien por qué, si es que me abrieron el tercer ojo o alguna cosa similar. Me parece que hay una coalición en mi contra, una conjura entre mis jefes, los imprenteros y los fotoduplicadores. ¡Qué ostia!"
Niño errante dixit.

10 comentarios:

alterego dijo...

es cierto, cuanta diferencia hay entre dormir y soñar, entre dormirse y no poder estar despierto, entre soar a pierna suelta o tener sueños truncos... me gusta como cocina usted, niño

Niño Errante dijo...

su alterego: siempre es agradable descubrir que la soledad de algunos sentimientos no se debe a la extinción de los soñadores, sino a la distancia que los separa.
Cordialmente,
Yo.

Guadalupe dijo...

Un relato muy interesante. Pero no, no queda simplemente ahí; es un relato interesante, y con el que uno puede identificar fácilmente.
Es usted un humano, niño errante, un humano de verdad (suena muy Pinoccio, perdón). Me atrevo a decirlo porque es lo que siento al leerlo, y me gusta.

Seguiré pasando por aquí, espero usted siga pasando por allá.

Niño Errante dijo...

wachi: me deja sin palabras. Por lo de Pinoccio no se preocupe, muchos me dijeron muñeco, muchos me lo dirán.
Nos mantenemos pasando, como la vida, el tiempo. Como todo.
Cordialmente,
Yo.

nji dijo...

Que feo eso de robarle el cielo a alguien. Hay que tener una auténtica alma de explotador.
Mis condolencias.

Niño Errante dijo...

nji: se agradece, estos tipos no tienen corazón, mucho menos poesía.
Cordialmente,
Yo.

cronopio dijo...

si ellos le robaron el cielo, usted debería robarles la antena.

lo justo es justo.

Niño Errante dijo...

cronopio: es una idea interesante, sólo faltaría la grúa.
Cordialmente,
Yo.

Guadalupe dijo...

Me hiso sonreír.

Niño Errante dijo...

wachi: no sé si era para mí pero tengo esa habilidad, por llamarla de algún modo.
Cordialmente,
Yo.

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