lunes, noviembre 14, 2005

Desenfreno

El domingo trece de noviembre llegamos al Bar con Horacio, un maniquí de pelo verde, traíamos su colchón y las revistas. Estábamos contentos, por fin terminábamos lo que empezamos hace dos años. Entonces nos encontramos con el kilombo de las vallas y los policías, con el dueño del Bar en la esquina, diciéndonos que no podíamos hacer nada.
Yo no había dormido, algunos problemas me mantuvieron despierto toda la noche: reimprimí las revistas en un perdido local de Godoy Cruz y Santa Fé. Le dimos a la guillotina, a los papeluchos, sin parar. Siete horas de impresión. En maratónica sesión volví a mi casa -en Barracas- para armar ciento cuarenta ejemplares. Elegí dos libros para el sorteo: Momo de Michael Ende y Juntacadáveres de Onetti. Armé los númeritos y nos quedamos dormidos. Éramos dos, el Niño espina -valiente diseñador gráfico- y yo -valiente inconformista sin méritos aparentes-. Me desperté en algún momento, sobresaltado. Faltaba el tercer hombre, el que había anunciado que estaba en camino: Méndele. Después me enteraría que no concurrió por razones de seguridad. Debe dormir antes de la presentación, temitas de salud importantes.
Tenía dos horas para ir a jugar, una hora y media de sueño encima y bastante mugre. Pero allí estaba la felicidad, en forma de hojas dobladas sobre la mesa del living. Armé el bolso, acompañé al Niño espina a su auto y nos abrazamos. Es difícil explicar lo que significó para nosotros todo el proceso. Niño espina se fue, se le hacía tarde para dormir un poco. Él quería abrochar las revistas, solo. Y así lo hizo. Me quedé mirando el auto alejarse. Yo había imaginado ese momento, fue una sensación rara, una especie de deja vú sin inquietud.
Llamé a la enana y le dije que me iba a jugar. No estuvo de acuerdo. Hace un año o poco más me fracturaron la clavícula en este campeonato, un día que, casualmente, también fui sin dormir. Sé que soy extremista en todo lo que hago. Bordeando la cornisa de la exageración. Es como me gusta vivir desde que colgué la tabla.
Me encontré con los pibes, el magnífico equipo que peleó tres años por el ascenso. Subimos a la B para mantenernos y ahora resulta que podemos llegar a la máxima cateogría de un tirón. William Morris, un equipo repleto de anarcos, soñadores y energúmenos. Hay chicos bien, o había, pero todos jugamos ese fútbol obrero desbordante de ganas y voluntad.
Ganamos, resultó una muestra más de coraje. El equipo contrario se la agarró con el referí. Y claro, ¡a quién más podían echarle la culpa de la derrota! Nos quedamos saboreando la esperanza, si el domingo que viene ganamos... Llegué a casa y me bañé. La enana estaba allí pasando un discursete para decir ante los que viniesen. Salí del baño y me tiré en la cama. El pasado de colchones y piso lo borré de un plumazo con un sommier. Algunas cuestiones del capitalismo son tentadoras, especialmente las que se relacionan con la comodidad.
Llamé, hablé y recibí llamadas. Todo estaba listo, preparado y... No pudo ser.
El resto me lo reservo para el cuento: la llamada del comisario al bar, las frases de los canas en el vallado, el malhumor que me agarró después de treinta y seis horas sin dormir. No pudo ser, ahora planearemos el nuevo evento, sin freno posible.

"-Yo te entiendo pibe, para nosotros también es un pijazo estar acá, doce horas, abriendo y cerrando la valla de metal-."
Agente policial desconocido, domingo 13 de noviembre a las 17:56.

6 comentarios:

Idoru dijo...

Si esto es el comienzo de la película el final tiene que ser feliz, no hay otra, solo hay que esperar el desarrollo, por no decir paciencia. Animo!

Niño Errante dijo...

idoru: estamos de acuerdo. De última habrá una larga serie de principios hasta llegar al final feliz. Pero llegaremos, chocheando y todo.
Cordialmente,
Yo.

niñoespina dijo...

Siempre pienso que soy especial y, que, los que me rodean también.
Podría haber sucedido de otro modo todo esto? Claro que no enano.
Estamos mas cerca y mas mitificados.

Niño Errante dijo...

niñoespina: siendo coherentes con nuestra ingenuidad de niños debemos seguir aguantando los trapos. Una cuestión de principios.
Cordialmente,
Yo.

paula dijo...

william norris........tengo en la punta del cerebro.pero quièn fue?

eran vayas contra bush? en pzademayo? en la cancha?

Niño Errante dijo...

paula: hubo dos, un educador que fundó quichicientas mil escuelas en la argentina y un poeta medio anarco que dijo que había que suprimir los bancos.
Elija usted, yo ya me identifiqué con uno.
Cordialmente,
Yo.

P.D: las vallas estaban en cachabuco e H. irigoyen, del otro lado teníamos el bar y nuestro frustrado evento.

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