jueves, noviembre 10, 2005

Extrañas sabidurías.

Me gusta escuchar. Creo que es uno de los aspectos fundamentales de la escritura: retratar la realidad ajena, el entorno.

*Estaba sentado en una plaza. El verde, el viento, la poca ropa. Una muchacha de bella fisonomía pasó caminando frente a mí, llevaba el aire primaveral en su vestido -floreado y suelto-. La seguí con la mirada, sus ropas irradiaban el brillo del sol. Cruzó frente a un grupo de motoqueros relajados, fumadores de X. Uno, moviendo la cabeza de un lado a otro, soltó la lengua:
-Si habrás quebrado cogotes...

*Apretados en el colectivo viajábamos hacia horas laborales. El olor a cansancio y malhumor saturaba la nariz. Al lado mío viajaba una muchacha, detrás un hombre sudoroso. Yo me perdí en laberintos de recuerdos literarios: la forma en que tal describía un castillo o ése que hablaba de guerras como si fuesen desayunos. Un gesto en la cara femenina me regresó a la pegajosa realidad del bondi. Fue incomodidad o algo -furia, miedo, vergüenza- que no pude precisar. Detrás, el hombre se hamacaba con un vaivén siniestro. La situación me sonrojó -a la chica también-, y durante un minuto pensé mil formas de increparlo, de resaltar su poca hombría. No hubo tiempo, alguien, desde atrás, con ímpetu justiciero le tocó el hombro y disparó: -Flaco, si te gusta tanto la piba invitala a tomar un café.
No quedó otra que aplaudirlo.

*Diálogo previo a una impresión.
-No llegamos ché, la cosa está jodida.
-Sí llegamos.
-...
-De verdad, vamos a llegar.
-Te digo que no, ya me lo veo venir. ¿Desde cuándo sos tan optimista, te comiste a Depak Chorra?
-No seas boludo, tenemos que hacerlo.
-¿Tenemos, y tan así es?
-Sí.
-¿Se puede saber por qué?
-¿Por qué qué?
Llegó el mozo con los cafés y el agua con gas. Nos interrumpió. El tipo escuchaba la conversación asintiendo con la cabeza.
-¿Por qué tenemos que llegar?
-Es por la esperanza.
-...
-La esperanza, boludo.
El mozo se acercó otra vez, interrumpiendo con su voz de mozo:
-La esperanza, ¡qué verdor, qué sentimiento, qué magníficencia! Vos me ves de mozo pero alguna vez fui periodista, desde hace rato los veo con sus historietas. Tienen que llegar porque no olvidarán nunca lo que están haciendo.
Nos miramos. El mozo nos dedicó una sonrisa a cada uno y se fue hacia la barra. Agregó:
-Uno elige en base a sus posibilidades, ¿no?
Lo miré alejarse, rengo, con su chaleco gastado y negro. Y pensé que uno a veces se sorprende con la gente, anidan sentimientos secretos, imposibles para quienes los juzgan a simple vista. Eso de la superficilidad, pensé, corta tantas posibles relaciones. Mi amigo me miraba fijo, inmóvil, aterrado por la revelación de nuestra transparencia ante la otredad. Y yo que amo los universos posibles, pensé.
-¿Entendés? -y señalé al mozo-, la esperanza.
Creo que el otro entendió.

"Aburrido: dícese de la persona, que cuando uno quiere que escuche, habla":
Ambrose Bierce, el diccionario del diablo.

4 comentarios:

Amor Entintado dijo...

Me hiciste acordar a Woody Allen parafraseando a Emily Dickinson en uno de mis libros favoritos: "La esperanza no es esa cosa con plumas. La cosa con plumas ha resultado ser mi sobrino. Tengo que llevarlo a un especialista en Zurich."

Niño Errante dijo...

A.E: ¿Qué te hago acordar a Woody Allen? ¿Y después el exagerado soy yo? No me creo digno.
Cordialmente,
Yo.

Guadalupe dijo...

Digno es la palabra.
Tan controversial como la esperanza.

Pasame el nombre de ese bar, quiero conocer al mozo.

Niño Errante dijo...

wachi: agradecido el (pequeño) hombre. Le pasaré el nombre del bar, hablo con quien estaba conmigo que era el baquiano.
Cordialmente,
Yo.

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