martes, julio 21, 2009

Mi diario XI (o mañanas urbanas)

A las 8 de la matina de un martes uno no se cuestiona si es correcto bajarse de un bondi porque se tienen ganas de escribir: Uno lo sabe, porque el escribir es (casi-casi) como el caminar. Uno, y digo uno por no decir yo, sabe que la inspiración es como los fantasmas (Javier Cercas dixit): Todos hablan de ella pero nadie la ha visto. Cuando pinta la muy zorra, hay que agarrarla con dedos de acero.
Hoy estoy como extraño, o extrañado, o extrañando. Y si es que extraño algo, no sé bien qué será. Pero percibo como un vacío en mí, tamaño large, de origen indefinido, que me hace caer mal las facturas y me amarga el café con leche.
Será el malhumor de haber dormido acurrucado en un sillón, medio en bolas, mientras una luz de mierda no me dejaba dormir. O será esto de ser un homeless y no tener domicilio fijo, que puede que empiece a afectarme a mi edad.
Entonces… ya me perdí.
Decía que estoy en un bar, reventándome el cerebro con AC-DC en las postrimerías del día del amigo, pensando en toda la gente que tenía que ver y que no ví. Decía que tengo sueño o malhumor y que no saboreaba un café con leche aunque, esto último, no es del todo cierto: Un café con leche, por más malo que sea, siempre es un alivio a las 8 de la matina.
Decía o quería decir muchas cosas pero mejor me callo: Es martes, y es muy temprano para ahondar en si Nicholas Blake tenía razón al decir:
Como casi todas las personas que llevan una vida aislada –aislada espiritualmente, quise decir-, soy extraordinariamente sensible a la opinión que los demás tienen de mí. Odio la idea de ser un tipo popular, bien recibido en todas partes; sin embargo, la idea de ser impopular me produce un sentimiento de profunda intranquilidad. No es un rasgo muy simpático querer comerse la torta y al mismo tiempo guardársela.
Como que ya sé la respuesta: Fue la puta timidez, Nicky-boy. Una cosa era hablar (o escribir) en joda, y otra cosa es hacerlo sobre cosas que realmente te importan. Y con respecto a las tortas, qué sé yo… Si dicen que nadie vuelve por algo será.

2 comentarios:

Barbie dijo...

Que loco... es la misma sensacion que me invadio hoy, la de entre extraño y extrañar aumentada por esto de ser homeless...
Ay, ay, ay... me cacho en dié..

Niño Errante dijo...

La falta de hogar es un problema grave en la semi-juventud argentina.
Cordialmente,
Yo.

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