jueves, julio 16, 2009

El último descenso

Estaba allá arriba y pensé en vos.
Pensé en vos y en el año 2002, y en el palo que te afanó la vida allá en Australia, lejos de mí y de las costas que te vieron surfear.
Toda una vida dedicada a la tabla y te dan miedo dos golpes de nada. Toda una vida dedicada a la tabla y te cagás por dos moretones de mierda mientras a otros jamás les tembló el pulso, me dije.
Entre las nubes vi otra vez tu cara, la cara triste que tenías el día que te fuiste. Y también la otra, la que te vi el año que fuimos a Máncora, cuando pegaba re feo, cuando vos me preguntaste si tenía miedo y yo te contesté que sí. Quedate tranquilo, me acuerdo que dijiste, que mientras tengas miedo tenés el control.
Pero hoy tengo miedo y no controlo nada.
Y también tengo bronca: Porque siempre fui de esos guerreritos lanudos de poca consciencia que llamábamos cabeza de fósforo. Si hasta me prendía fuego de sólo pensar en tablas y olas y nieves. Y ahora resulta que una montañita de mierda…
Allá arriba pensé y pensé, hasta que el-que-vive-adentro-mío se puso de pie, me sonrió con una sonrisa de perro rabioso y se largó. Y hubo un instante en el que dudé en volver porque tuve miedo, pero metro a metro fui perdiendo la duda y él se hizo más fuerte, hasta que en una curva salimos de la pista, muy fuerte, y me clavé de cabeza.
Me clavé tan mal…
Pero el-que-vive-adentro-mío se sacudió la nieve, se paró y se dejó llevar. Yo me dejé llevar con él porque en el fondo sabía que tenía razón. Y en un momento íbamos tan rápido, mané, que pensé que el tiempo no nos podría alcanzar.
Cuando llegué a la base él ya no estaba conmigo, en alguna parte del descenso me había dejado solo pero ni cuenta me di.
Me saqué las fijaciones despacito porque quería saborear ese momento, así como saboreo este otro en el que te escribo estas líneas mientras todos están dormidos.
Es increíble, sin darme cuenta lo tuve congelado adentro mío esperando el momento para sacarme otra vez del fuego y llevarme hacia la playa, la base, la seguridad de un chocolate caliente. Y ya estando casi en el auto me acordé por qué le dije a esa tarada, en Máncora: Nosotros no queremos matarnos. Todo lo contrario, queremos saber si estamos vivos.
Todavía arde, mané, y aunque está muy escondido su fuego tiene una furia…

2 comentarios:

EmmaPeel dijo...

Muy bueno este, pajarin

Niño Errante dijo...

Agradézcole, señorita Emma.
Cordialmente,
Yo.

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