lunes, marzo 02, 2009

Memorias vívidas

Volvimos.
No fue con gloria, como en los tiempos en que ninguna ola me negaba sus labios. Ni tampoco fue sólo con esjuerzo, como cuando estaba medio-falto-de-estado. Sino que vino con odio y frustración, pero con mucha risa: me reencontré con Nacho, que volvía de Costa Rica; con Pablito, que se va a Brasil hasta octubre; y ví una nueva generación de pendejitos corriendo las olas que corrimos nosotros.
Pasaron ocho años. Y yo era simplemente el que no venía hace rato, o el que había largado, o el que les había enseñado cuando recién empezaban. Pasaron ocho años con la misma buena onda y los mismos dichos: qué hacés mané; no sabés como explotaban esas bombas; ah, pero estás blanco leche; venite en marzo que va a estar gigante; cómo pesará esa panza; usala, man, que hay tiempo, todavía hay mucho tiempo.
Esa certeza me trajo paz: Saber que, a pesar de tantos años, ese spot, que siempre fue secretamente nuestro, todavía está lleno de vida, de furia, y de algunas buenas olas. Porque nuestra historia, unida a la historia de esa playa, no se terminó con nosotros, continúa en unos pocos otros, en cada verano y en cada olita pulenta que los empuja hacia la arena.
Y es que, posta, la de ellos no es una vida, es un vidón.

2 comentarios:

Limada dijo...

Ayy me gustó! pero le confieso algo la palabra vidón me fue imposible no asociarla con bidón, y eso. Me reí de mi un rato, porque no tiene sentido, pero me causó gracia.
Feliz de que la haya pasado así de bien allá.

Niño Errante dijo...

Y yo feliz de haberla pasado bien. Guenas olas. Mucha mente en blanco. Mucho pendejo bardo. Mucho amigo que estaba en la distancia.
Muy bueno.
Yo.

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