jueves, septiembre 01, 2005

Graffitis de una estación.

La polvareda del tren va quedando atrás, se divide en el aire del andén. Una pila de sueños y fracasos se aleja rodando por las vías. Sin destino. Sin un final conocido. Hablo con amigos a través de una red infinita, anónima, Miles de ojos, millones tal vez, pueden observar nuestro diálogo sin que lo sepamos.
Es raro. Estimo que la gente se anima escudada en su figura grisácea, irreconocible. ¿Qué es un nick dentro de una cultura compuesta por nickes? Un eslabón, una parte más de una cadena. La impersonalidad ayuda al pensamiento, creo que fue un comentario apresurado, más bien debo decir: la participación en cualquier proyecto se debe al anonimato, las personas temen la represalia, el castigo. Por diferentes métodos represivos nos atrofiaron la mente, enseñándonos a expresar lo socialmente correcto. Es un poco de todo: miedo al ridículo, al dedo índice de los demás (señalándonos como locos).
Lentamente el blog cobra vida, como un frankestein electrónico que toma conciencia de sus extremidades. No soy un científico loco, al menos no soy científico. Pienso en la pantalla mirando este pedazo de papel. Escritura en movimiento versus universalidad de mi mensaje.
El vagón arranca como empujado por el viento. Me pierdo pensando mensajes cotidianos, oníricos. Respondo y me responden desde una red etérea, es como hablar con el más allá. Figuras fantasmales a las que no puedo asociarles fisonomía alguna. Mis amigos no, con mis amigos la comunicación es diferente. Compartimos una idea, un fin. El punto de vista grupal prevalece ante las individuales, se enriquece de ellas. Veo mi rebelión como una sana contracorriente frente a la estupidez televisiva que masifica la ignorancia y el desinterés.
Mis oídos captan una conversación frívola, como si los adolescentes que hablan quisieran colaborar con este concepto, definen la belleza femenina como un icono de la oquedad argentina: rubia idiota de tetas operadas. Detengo la pluma sobre la hoja, está cerca, tan cerca que podría escribir sin presionarla. Me detengo y pienso, con teatralidad, que la salvación de nuestro mundo espiritual (el concepto de alma como sinónimo de personalidad, de ente individual) provendrá del interior de cada uno. Siguen hablando de vedettes y oquedades diversas: gel, ropa, calzados y estupideces. Demasiado interés en la materia y poco materia en el interés.
Hago oídos sordos al vagón, a los comentarios. En fin, a la humanidad contemporánea. El tren se detiene. No veo el nombre de la estación. ¿Lo habrán robado? Un graffiti del andén sintetiza lo que pienso: enterrar la memoria es desentenderse del futuro. Ni olvido ni perdón.
Aunque no pensaba en los setentas, la sensación es parecida. Sin horrores de por medio. Miro en derredor, con indiferencia. El tren arranca entre el bullicio de los pasajeros y las preguntas siguen allí, sin respuesta.

2 comentarios:

El Asiduo dijo...

El eter de unos y ceros, su equilibrada (y probada) anarquía, su anonimato, su perfección matemática (finita). Cuánto nos ha dado y cuánto quitado.
Es lo que estudio y sin embargo creo que sería un lugar mejor sin ella, sin la Ciencia de la Computación. Cuanto creemos en ella, nuestro Prometeo Digital, cuanto anhelamos lograr, eso que tantos han plasmado en lineas y convertido en Ficción de la Ciencia.
Soy un usurpador de este Blog, definitivamente, leo el contenido, lo revuelvo en mi mente y lo traduzco en comentario.
Las respuestas están ahí, a la caza de preguntas, preguntas bien formuladas, preguntas que hace falta cecera para encontrarlas.
Yo seguiré usurpando con aprecio este Blog, el aprecio por saber que piensa y siente un amigo.

Niño Errante dijo...

Usted no usurpa, participa. Esa es la esencia de un blog: intercambio de sensaciones. Una entelequia bidireccional; menjunge único vomitando en la era digital por mentes ávidas de expresión.
Este es el instrumento con el que me comunico con quienes no comparten mi punto de vista.
Leí por ahí que los filósofos son personajes autoritarios, tiranos sin ejército. No sé si es tan así, pero a veces me siento un poco violento en mis postulados. No soy filósofo y ni me considero un iluminado.
Busco discutir con fundamento.
Y terminando, no usurpás. Intercambiamos visiones del mundo que, a veces, no coinciden. Aunque el sujeto de estudio sea único. Eso es positivo, produce el intercambio que ansio.
Cuando coincidimos es mejor, porque descubro que no estoy solo, ni soy un demente.
Cordialmente,
Yo.

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