martes, agosto 23, 2005

Sentencias terminales.

El día agoniza junto al embole. Estas notas son veloces, prematuras. No tienen mucha correción y por eso pueden sonar inconclusas, sin sentido. El turno laboral se enfría; lo mejor llegó a la tarde en forma de corridas y falta de aire. Ahora, sólo resta esperar. Terminados los entuertos de la rutina, esperamos un momento de creatividad literaria.
¿Y quién entiende lo que escribo? Bueno, pues bien, los martes armamos algo así como un taller. Literario, se entiende. Somos dos, por el momento, tal vez los demás se unan. La revista merece que nos reunamos. Taller nocturno el nuestro, digno alimento de una bendición extrema.
El día llega a su fin y yo tengo deseos de escribir.
Nadie entiende un carajo, como si mi alma se rebelara contra todo, sin fundamento. Quizá algunos se horroricen por mi actitud. Sucede que esto es una especie de catarsis, el estupor carece de importancia en tanto y en cuanto se logre el objetivo: ser (+) feliz. A pesar de mi altruismo, el fin no justifica los medios.

Lo verdaderamente importante es el sentir:
"Una mujer de Madagascar deja ver, sin cuidarse de ello, lo que aquí se cubre más; pero moriría de vergüenza antes que enseñar su brazo. Claro está que las tres cuartas partes del pudor son cuestión de educación. Quizá ésta sea la única ley, hija de la civilización, que no produce más que ventura."
(Stendhal, Del amor).

2 comentarios:

El Asiduo dijo...

Fibonacci puede esperar a que demuestre que su formula cerrada da el mismo resultado que la recursiva si puedo ser el primero en opinar...
No es que no se entienda, es que tu sentido de la gramática castellana parece ser tan bueno como el de Castells... al menos cuando estás apurado... ;)
"(...) armamos un taller(...", "(...) somos 2 (...)". Taller de que? De bricolage, corte y confección, de como salir mejor en los Videos de Maccarone? Quienes dos? Vos y alguna de tus otras personalidades ("Tengo 4 personalidades. 1, 2, 3, 4")?
La revista sigue en pie, que pasó? te veo y te pregunto y no me decís nada. Yo no digo nada al menos que el no hablar se instale en mi estomago. La incomunicación, digna de toda buena burocracia.
Así sos vos, así soy yo. Dejó de llover, ya tengo que viajar hacia el palacete anti-ignorancia.

Nos veremos en Domingo, el vil metal dispone que no sea antes.

Niño Errante dijo...

Ah, la revista sigue, sí. Es el cuelgue, el destino, el tiempo, que sé yo.
Un taller literario, sí.
¡Qué cosa!
¿No?

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