Viajo soportando los atropellos de otros infelices que, como yo, se empujan entre sí para ganar medio segundo de ventaja. Después, si pierden, se quejarán por ese medio segundo que otro se llevó. Por las ventanas empañadas veo cómo un taxista y un particular se cagan a piñas porque un encierro que no terminó en
choque. Pero lo mismo da, si puedo ver
piñeriándose a un
chorro y un
poli, un
bondiman y un
arrebatador, un
cabeza de tortuga y un sindicalista... Al final, me bajo del colectivo forcejando con unos
amarretes que viajan en la puerta, más cómodos, sin dignarse a abrir la cancha.
Lo mismo da, estamos construyendo una bonita sociedad.