martes, diciembre 05, 2006

La grieta

El día comienza con pereza, estirándose desde el horizonte hasta llegar a mi cama.
Me despierto con un sabor pastoso de sueños truncos y realidades pegajosas. El trabajo espera afuera de la cama, igual que'l cepillo de dientes.
Llego a la oficina sin desayunar y empieza la triste vulgaridad de lo cotidiano (Antonio Berni dixit). El mundo se ha convertido en ese engranaje perfecto soñado por los fordistas; un bicho gigantesco, madre de otros bichos diseñados para comer, que viven gracias a muchos bichitos diseñados para ser comidos.
¡Qué aburrido todo esto!
Entonces descubro la ventana, trunca por rejas que dan (+) seguridad y (-) libertad, del otro lado hay un jardín marchito, inalcanzable. En una rama veo un gorrión sin pedigree que mueve su cabeza a un lado y al otro. ¿Me ve? ¿Me estudia? ¿Le importo?
Entonces canta, y su torpe canto me eleva y me hunde, me vuela con el viento, me pierde entre nubes de algodón manchadas con aceite.
No importa, la triste vulgaridad cotidiana ya es sólo un recuerdo, como mi escritorio y mis entumecidas manos, caminando sobre el teclado.

3 comentarios:

Desdichada dijo...

uf, qué sueño tengo.

mar dijo...

Triste.
Saludos.

Niño Errante dijo...

¡Y con este calor!
Abunda el malhumor, el sueño y la tristeza.
Cordialmente,
Yo.

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