lunes, octubre 03, 2005

Imposiciones.

"Allí donde el hombre se presenta como único dueño del mundo y propietario de él mismo, no existe justicia. Es el reino de la arbitrariedad del poder y de los intereses".
La cita es de Benedicto XVI, el nuevo Papa. Es extraño que se hable de la arbitrariedad del poder laico cuando lo que se busca es la imposición de valores religiosos. Suena como una interesante paradoja: en mi ateísmo me considero dueño de mí mismo, ¿acaso es deber de nuestro Dios misericordioso imponerme la creencia de qué no me pertenezco? ¿y lo llamaríamos justicia? Me cuesta creer en la iglesia, mucho más de lo que me costaría creer en una potencia ultraterrena -esto es, la iglesia a veces resulta mucho más incongruente que una zarza flamígera-.
Benedicto parece olvidar el tema del libre albedrío, lo que me hace intuir que el problema es estrictamente político-monetario, desechando conflictos morales.
"La tolerancia, que considera a Dios algo privado y que lo excluye de la vida pública, de la realidad del mundo y de nuestra vida, no es tolerancia, sino hipocresía".
El Sumo Pontífice sigue avivando hogueras de violencia al mismo tiempo que sostiene los evangelios del perdón (otra paradoja). Me parece mucho más hipócrita hablar de perdón y misericordia mientras inflamamos odios y diferencias. Si alguien quiere hacer pública su fe en Dios nadie puede oponérsele, al menos yo no lo haría -me parece una pérdida de tiempo intentar convencer a un fanático-. Distinto es prohibir las manifestaciones religiosas, cosa que no comparto porque me enervan las tiranías (aunque fuese una utopía racional). Dios se aleja del mundo y de la gente por obra y gracia de la Iglesia, de los hombres que la componen; cada día se evidencia más la corrupta política que la domina -como toda institución de poder compone un establishment que busca subsistir-, la sociedad (al menos en Argentina) exige un profunda autocrítica, especialmente con temas candentes como el apoyo de la represión ilegal, los abusos sexuales, el apoyo a políticas de vaciamento durante la década del 90, etc. Pero claro, alguien sostendrá que estas escuetas palabras me las dicta el demonio.
«Si no te arrepientes, vendré y te quitaré el candelabro».
Esta es una cita que hace Benedicto de una supuesta frase dedicada a la iglesia de Éfeso. Ojalá viniese Dios a sacarnos el candelabro en vez de nuestro libre pensamiento. Me gusta ser dueño de la libertad para decidir si quiero ser católico, agnóstico, judío o musulmán (entre tantas otras opciones). Imponerme una creencia -aunque fuese en los actos de estado- suena a discurso bárbaro y radicalizado, digno de la intolerancia que viene dominando la cúpula de la Iglesia desde hace años, cúpula que no hace más que defender sus intereses dejando de lado a feligreses, creyentes y desesperados.
Y después hablan en discursos eternos reunidos en concilios opulentos: hablan de misericordia, miseria y dolor; se llenan la boca de una supuesta fe que abandonaron hace tiempo, como a los indigentes que dicen defender.
¡Qué venga Dios y me saque el candelabro! Prefiero mantener mi tolerancia, mi libre pensamiento antes que conservar una reliquia, un símbolo humano que pretenden conservar otros hombres para los que nunca tuvo mayor sentido que el control de multitudes.

"En las grandes teogonías politeístas todo lo humanizado se fue idealizando; los hombres agregaron o suprimieron atributos a sus dioses, de acuerdo a costumbres, intereses e ideas que se transformaban sin cesar".
El tratado del amor, José Ingenieros.

2 comentarios:

El Asiduo dijo...

Entre otras paradojas, la que más me hizo levantar la ceja cuando asumió fue la frase "Fue el elegido de Dios" (o algo similar) que salió en algún artículo en un diario.
Dios no tuvo nada que ver, Dios nos dejó a sus buenas con nuestro libre albeldrío. El hombre eligió al nuevo Papa, no hay ningún milagro en ello.

"Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra" Genesis 1:26

Benedicto XVI (quién se puso el nombre en honor a otro, ¿no hay algo de idolatría del hombre para con el hombre en ello?) se olvidó de este versículo al parecer, somos los dueños del Mundo hasta el Fin de los Tiempos. Y somos propiedad nuestra porque somos dueños de nuestros actos y seremos juzgados por ellos cuando nos llegue la hora.

Los dejo con una frase realmente iluminadora, ya que no pienso opinar sobre las otras frases, es inútil, es como tratar de hacer sangrar a una roca, ya veremos quien tiene razón del Otro Lado...

"No existe la justicia, sólo existo yo." La Muerte. Saga de Mundodisco de Terry Pratchett

Niño Errante dijo...

Es cierto. Todas las religiones del mundo afirman la soberanía que a la humanidad se le ha dado sobre el mundo. La cristiandad se contradice aduciendo que el libre albedrío no se liquida a la hora de la muerte, se parece más a la hoja de un libro diario donde anotamos virtudes y flaquezas (un cósmico debe/haber). Es ridículo.
La frase la muerte es cruenta y real, a la vez de ingeniosa. Hace mucho que no toco mundo disco, debería pegar una releída, según el consejero (de una novela llamada el fondo del pozo), produce experiencias -quizá- opuestas.
Cordialmente,
yo.

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