Hace poco vi por segunda vez El jardinero fiel*. Mientras, me devoraba Los perros de Riga**. Dos visiones muy distintas de un mismo problema: la solidaridad potencial versus la solidaridad específica (la frase es mía, si quieren putear).
Los protagonistas se cuestionan, en algún punto de la trama, dónde está el límite del espíritu solidario, a qué responde y qué están dispuestos a sacrificar en su nombre.
Hay algo que me molesta hace un tiempo, y que se puede reducir con el siguiente postulado inmovilizante, más o menos extendido: si no podemos arreglar el mundo ¿para qué calentarnos con arreglar a unos pocos? Esa mínima diferencia no vale el esfuerzo.
Es un postulado que todos tomamos por cierto. El problema surge cuando se nos plantea, a través de un personaje o una obra, una situación determinada en la que debemos elegir.
¿Si pudiéramos hacer una diferencia con una sola persona, aunque no arreglemos el mundo, valdría la pena? ¿Qué estaríamos dispuestos a sacrificar?
Esa es una pregunta tan personal e incómoda como su respuesta.
*El jardinero fiel, un libro de John Le Carré.
**Los perros de Riga, un libro de Henning Mankell.