sábado, mayo 19, 2007

Puso lo que había que poner

Se acercan fechas tristes, de homenajes para amigos perdidos en la distancia del tiempo. Y van llegando a la memoria giladas compartidas en aquellos tiempos de libertad y juventud.
Dice Marco Catón que la vida se parece al hierro. Si se la emplea se desgasta. Si no, la consume el óxido.
Cómo desgastamos la vida siendo pendejitos con cabezas llenas de sueños y parafina. Haciéndonos un camino que nos definió como los changos que somos hoy.
Algunos más tristes, otros más contentos, todos recordamos tu cara de naipe y tus terribles tubazos.
El mundo se nos fue haciendo chico a medida que viajamos y conocimos, por vos y sin vos, todos esos lugares que imaginábamos juntos en cada olita tuerta* que nos llevó hasta la arena.
Pero cómo desgastamos la vida, chinito, montando tablas y amores mientras chupábamos cerveza en la esquina del Super Kodo.
Ahora te extraño, o quizá extraño aquella juventud de espuma y miedo. No sé. La única certeza que me queda es el tucutúm tucutúm que todavía tengo en el pecho cuando bajo una ola. Ese mismo tucutúm que me prendió fuego aquél día, en Necochea. El día que te fuiste.
No es homenaje ni nada, simplemente, puse lo que tenía que poner un día como éste.
Un tal Ariel Magnus dice que la libertad máxima de la vida misma es elegirse uno mismo los problemas que quiere tener. La persona que en cambio se deja dictar los problemas que debe tener, no es libre y por ende no causa gracia sino pena.
Aunque muchos de los nuestros se mataron surfeando yo sé que no buscábamos la muerte sino, por el contrario, queríamos sentir que estábamos vivos. Pero algunos hicieron tanta fuerza sobre el hierro de la vida, tanta pero tanta fuerza, que doblaron los parantes.
Y así escaparon.

*Sebastián dixit.
**Ariel Magnus escribe en La mujer de mi vida.

7 comentarios:

Sandra dijo...

tu blog me encanto! eres bueno en las letras date una vuelta por el mio

sibila dijo...

este recuerdo no me corresponde pero su manera de decirlo lo ha hecho universal. alguna vez escuché que solo se puede escribir de aquello que se conococe. usted, sus amigos y la experiencia de la posibilidad.

Wilfredo Rosas dijo...

que bien narrado!!
me encantó!

www.entrecorbatasyescotes.blogspot.com

Guadalupe dijo...

Escalando el Monte Olivia, bailandose una ola en Necochea, tirando un 360º en el G-Park, cruzando la calle en patineta... uno va con mano de niño a tocar la vida, a ver si es cierta, y lo sabe. Se entera. Ese turum turum en el cuore, es el signo de que se está vivo. Y los amigos que se van, nos obligan a que nuestros corazones ahora latan el doble de fuerte, y eso, da una razón más, un sentido más, para tocar la vida. Sentirla.

Niño Errante dijo...

Agradézcoles, no me sale mucho más.
Cordialmente,
Yo.

persefonerowland dijo...

No voy a entender jamás, así me lo expliquen mil veces, como alguien puede ensuciar un hermoso texto con comentarios como: pasate por el mio y mi blog es tal.

Acaso no leyeron lo que está adelante. Si, es un texto de uno hacia otro y como dice Sibila se hace universal. En mi caso más que vivi frente al mar hasta los 15 años y vi a mi padre, mi hermano, mis primos y mis tios surfear y como esposas de marineros esperabamos el retorno con un buen ceviche y una chela bien helada. Mi madre nunca esperaba, ella iba con ellos, era campeona de surf, cuando las tablas eran de madera muy pesada y se corría olas en el norte de mi país y en la playa Waikiki. Ahora si espera, ve a mi hermano correr y le toma fotos con una tranquilidad que sólo ella, mujer de mar sabe tener. Yo sigo esperando por los hombres de mi familia.

Me encantó.

Niño Errante dijo...

Oh, ¿entonces usted es de Perú? Yo pasé por su país hace mucho, mucho tiempo. Una de las mejores olas de mi vida la agarré en esa base militar. en medio del desierto. No puedo recordar su nombre.
Le agradezco la comprensión, no es algo que abunde en estos tiempos.
Cordialmente,
Yo.

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