jueves, julio 31, 2008

Onímidos obstinados

Se miró la mano y vio en ella el reflejo de un rayo de luz que se filtraba por la ventana. No le importó saber si era el Sol o el farol de la esquina; traía luz, calor, esperanza.
Se durmió pensando que cuando despertara miles de sonrisas entrarían volando por el balcón para susurrarle carcajadas al oído, carcajadas que sólo él podría escuchar.
Pero al abrir los ojos no escuchó nada y una parte de él siguió durmiendo, esperando que en alguno de sus despertares se rompan las cadenas que encierran su imaginación.
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