lunes, abril 14, 2008

Ahora que viajo en tren

Me doy cuenta de lo miserables que podemos ser por conseguir un asiento. Incluso, cuando nos disponemos a bajar, nos empujamos unos a otros como vacas queriendo salir del corral. Decí que, por suerte, el martillo de la muerte que nos esperaba no era otro que el aire helado de Retiro.
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