A veces las circunstancias nos empujan a dudar de nuestra sapiencia. Nunca terminamos de afirmarnos en la vera vittá, ni llegamos a tener claro qué es lo que nos llena el culo de preguntas.
El miedo siempre derrumba ese títere que lucimos ante los demás; la pose careta que miente —como miente cada cosa que sabemos, decimos o hacemos cuando hay un público escuchando— y no para de mentir mientras abrimos la bocota.
El títere hace agua pensando que nunca vamos a llegarle a eso que soñamos y que la vida —esa cosa fugaz que nos atraviesa en su camino hacia el carajo— no puede ocurrirnos cada vez más rápido.
Pero hay que waitarla, mi viejo, hay que waitar la jeta para ser de a deveras frente a los demás y bancárselas todas, y bancarse, con un soberbio gesto de triunfo, que las cosas salgan mal cuando uno no sabe barajarlas.
¡He dicho!